(Publicado en Inglés: el 30 de abril del 2008)
Última entrada sobre la transición de la iglesia.
No soy experto en el ámbito de las transiciones y del cambio organizacional, pero en cuanto a las expresiones de la iglesia establecida, déjame sugerir dos aspectos.
El desarrollo de un enfoque de dos vías paralelas
Hay dos maneras opuestas de enfrentar el cambio. Una manera es destruir lo que existe porque está caducado. A menudo esto significa que perdemos lo que el Señor quiso cambiar. (Sin embargo, si se mantienen unidas las relaciones de las personas, puede que podamos destruir la estructura.) La otra manera es apegarse firmemente a lo que tenemos con la esperanza de que saldrá adelante. No puedo decir que me siento optimista en cuanto al segundo enfoque porque subestima seriamente el poder de organizaciones para avanzar hacia un escenario negativo ‘estado continuo’.
En contraste con los dos enfoques más arriba, sugiero un tercer camino que se puede explorar provechosamente. Consiste en trabajar siguiendo las dos vías, siempre que actuemos dentro de los límites de la siguiente frase:
- No abandone lo que está aquí e invierte en lo que está levantando hacia el futuro
Cuando abandonamos el futuro e invertimos en lo que está aquí, tendremos muchos problemas. El futuro pertenece solamente a aquellos que se preparan para ello y que invierten en ello. Entonces, ¿que quiero decir con la expresión vías paralelas?
Hay una vía que ya está establecida y muchas personas andan en ella. En resumen yo la llamo la iglesia como la tenemos, normalmente la iglesia congregacional. Quizás no hay necesidad de abandonarla, sino usarla donde se puede sembrar semillas para la transición, y para fomentar el diálogo para que las personas se impliquen con las cuestiones. Sin embargo, si simplemente confiamos en que lo que tenemos cambiará, creo que en retrospectiva nos daremos cuenta que estuvimos algo ingenuos. Para esta razón sugiero que empecemos a invertir en una segunda vía.
La segunda vía no es una versión alternativa de lo que tenemos, una reunión a la moda y al día donde se congrega la gente. Más bien se parece a un paisaje alternativo al lado del actual, y en este paisaje empezamos a fomentar nuevas y experimentales formas, relacionadas con las puertas que han de ser ocupadas y con los sueños de las personas. No es una reunión alternativa de iglesia, sino un marco alternativo donde los creyentes se involucran en el trabajo del reino en el mundo.
Cuando se haga una inversión en esos escenarios, llegarán testimonios de lo que Dios está haciendo en su mundo. Son los testimonios los que siempre han alimentado a los movimientos y el propósito de esas noticias (de gente corriente) es avivar la fe, para que también otros puedan realizar lo que tienen en su corazón. Trabajar de esta forma no es menospreciar donde estamos involucrados actualmente, pero ciertamente no estamos trabajando para conservarlo (acuérdese de la prueba de Abraham en Génesis 22, que fue ir más allá del nivel de la conservación propia: solo de esta forma se liberó autoridad para ocupar las puertas.) Por medio de invertir en un futuro paisaje alternativo, estaremos ayudando a acelerar un movimiento desde una dependencia del entorno congregacional hacia la participación en la misión.
¿Tendrá éxito? Por supuesto que no hay ninguna garantía, pero un liderazgo eficaz significa que tendremos que retirar apoyo a ciertos aspectos. Haciendo esto reduciremos la cultura de dependencia que fácilmente puede surgir. Incluso Jesús hablaba de que era mejor que se fuera para que los discípulos pudieran desarrollarse. En ese sentido, él aseguró que no fuera el centro. Dejar un vacío donde algo puede derrumbarse o ascender a un nuevo nivel, es un paso valiente pero necesario.
También debemos asegurar que no presentemos nuevos ejemplos como la mejor forma. No buscamos algo nuevo para remplazar la forma anterior, sino ejemplos vivos (y provisionales) de lo que puede pasar cuando las personas son facultadas para perseguir lo que Dios está poniendo en su corazón.
Permitir y fomentar conversaciones
Las conversaciones toman su tiempo. También se llevan a cabo de mejor manera cuando no tenemos una idea preconcebida de que puede llegar a ser el resultado. Por lo tanto es mejor que ocurran antes en el proceso que más tarde. Para que sean provechosas, hace falta que se realicen para cuando haya llegado la fase de deshacerse (pero preferentemente antes).
Una forma posible para facilitar la conversación es apartando un tiempo de al menos unas cuantas horas. Comunicar a la gente que habrá un foro para considerar el camino a seguir, donde todos están bienvenidos. Cuando llegue el momento, aquí hay un proceso sugerido (que he adaptado y resumido del libro The Power of Spirit, escrito por Harrison Owen):
- quien preside el foro resume sencillamente la razón por la cual las personas están reunidas, sin hacer cualquier comentario sobre lo que debería ser el resultado (tendremos que confiar en el Espíritu Santo para el resultado)
- en la medida de lo posible, es útil tener a todas las personas sentadas en un circulo – no hay jerarquías y ‘últimas filas’
- se invitan a las personas a que escriban los asuntos que deberían ser tratados como los perciban. Los asuntos están colocados por cada persona sobre una pizarra grande y en blanco. Este proceso tardará aproximadamente 40 minutos
- una vez colocados, hay que agrupar los asuntos
- una vez agrupados, hace falta reconocer cuales son los asuntos principales y los que necesitan ser priorizados
- todo esto necesita ser comunicado y después hay que determinar horas y lugares donde los grupos de acción podrán discutir estos asuntos. Tales grupos necesitan una persona adecuada para facilitar la discusión
- en una fase posterior aquellos grupos informarán sobre sus discusiones y se establecerán prioridades y la acción a tomar
Otra manera de facilitar la conversación es organizar a las personas en grupos pequeños en una mesa y dejarles discutir, garabatear etc. ahí (en el estilo World Café, del libro del mismo título). Después, cambia de mesa y deja que se desarrolle la riqueza de la conversación.
Comoquiera que se facilite la verdadera conversación, todo lleva su tiempo, y es de vital importancia que se anime a que todas las voces se escuchen, y sin la presencia de un control centralizado.
¿El futuro?
Quizás los dos caminos se pueden cruzar en una fase posterior: el camino donde se espera el nuevo modo de ser, y aquel que experimentó crecimiento al principio de la transición, se cruzan una vez más.
Mi percepción es que hay muchas personas y grupos en la situación de anochecer / amanecer; otros empiezan a encontrarse en una situación de la cual la forma anterior de trabajar ya no da el mismo nivel de fruto que solía producir. Parece que esto indica unos años interesantes por delante – ¡nuevos modos de ser levántense!
Un mapa para el cambio:

Sela… o voy a tomar un descanso durante unos días. Espero que hayas disfrutado de este par de semanas pasadas.