El desarrollo en Dios es algo a que todos aspiremos, pero no siempre sabemos a qué este desarrollo se va a parecer. En su libro, Stages of Faith, (‘Las Etapas de la Fe’), el profesor James W Fowler, un psicólogo de desarrollo de la Escuela Teológico Candler, traza las líneas generales de una estructura por lo que se refiere a un desarrollo de fe con etapas. La estructura siguió estrechamente ideas relacionadas con aspectos del desarrollo psicológico de niños y adultos.
El trabajo del profesor les ha traído claridad a todos ellos quienes han intentado entender a los muchos que se han encontrado en el camino hacia, o más allá del borde de lo que ha sido definido ‘la iglesia’.
Para escribir los blogs siguientes he sacado unas cosas de los fuentes blog:
Theocentric.
Restoring the Heart.
Kathy Escobar.
Ellos, a su vez, han usado el libro, The Critical Journey, (‘El Viaje Crítico’), de Janet Hagberg y Robert Guelich, que traza las líneas de seis etapas de desarrollo de la fe. [En las notas siguientes todos los números entre paréntesis se refieren a los números de las páginas de este libro].
[También hay una tabla excelente de forma ‘pdf’ que lo expone con mucha claridad y vale la pena bajarla. Aquí está el enlace.]Introducción:
Del mismo modo que tenemos etapas en la vida humana – de la infancia a la vejez – y que cada uno de nosotros tenemos cada etapa en común, aunque la experiencia personal de cada etapa sea distinta, así es también en la vida espiritual. El reto espiritual enorme es seguir desarrollando. El riesgo es de encontrarse ‘enjaulado’ o cerrado dentro de cierta etapa, o porque no había mapa para afirmar el progreso o por causa de un miedo que detenga el progreso (sea un miedo provocado interiormente o de una presión externo).
Estas obras aquí citadas nos dan un mapa que traza el viaje, nos informa de qué esperar, pero lo más importante, que afirma el viaje en el cual nos encontramos.

Unas noticias importantes sobre estas etapas:
La teoría del modelo de etapas es descriptiva y no preceptiva. Ayuda a describir lo que ocurre, pero no prescribe cómo avanzar.
- No se deben ver las etapas como una inherentemente mejor que otra.
- Las etapas no se pueden saltar. No hay atajos. No se puede ir de la una directo a la cuarta por ejemplo. Es un proceso aunque se puede volver a visitar ciertas etapas en otras temporadas (bien que a otros niveles).
- Es posible quedarse atrapado en cualquiera de estas etapas a lo largo del viaje.
- Para los que creen que ya se han ‘avanzado’, es importante recordar que las etapas anteriores fueron fundamentales. No se puede privárselas a otras personas.
- Se puede entender la etapa que viene en seguida, pero no comprender realmente la que está a dos etapas más avanzadas. Así que, los que están en una etapa más avanzada serán malentendidos a veces por ellos de las etapas anteriores. Asimismo, los de las etapas avanzadas se sentirán tentados a mirar por encima del hombro a los de las etapas anteriores.
El reto mayor es continuar desarrollar en nuestra fe. Éste se complica más por la incapacidad general de la iglesia evangélica para ver el progreso más allá de la etapa 3 (de las seis).
Etapas 1-3 y 4-6
Hay una división entre las tres primeras etapas y las tres segundas. Hay un punto de cruzarse.
(Los párrafos siguientes fueron influidos mucho por (o incluso citan) la material del blog ‘theocentric’.)
La mayoría, si no todos, de los modelos evangélicos contemporáneos de desarrollo culmina en la tercera etapa. Por ejemplo, el modelo “Iglesia Impulsado por un Propósito” (‘Purpose Driven Church’ en inglés) supone que una persona sea madura espiritualmente cuando forme parte de un “núcleo comprometido” – sirviendo dentro de y por la iglesia según sus dones.
Pero es muy posible (y es más, bastante probable) que muchas personas oficien por motivos egoístas. La actividad de la iglesia no es un indicador de madurez. La ocupación de actividades de la iglesia no lleva automáticamente al desarrollo espiritual.
Lo que hace la iglesia lo mejor es trabajar con personas en las etapas 1 a 3. Así que el hecho de que el número de personas más alto es en la segunda etapa encaja con como la iglesia se ve. Así se presenta la cuestión de qué y cómo la iglesia se relaciona con las personas más allá de la etapa 3.
Muchas personas se marchan de la iglesia cuando llegan a la etapa 4, o sea ‘la pared’, ya que hay pocos recursos o programas a su disposición, y se sienten separadas cuando su fe tan apreciada ya no funciona.
En su libro, Exit Interviews, (‘Entrevistas de Salida’), William D. Hendricks demuestra que la mayoría de los que antes iban a, o incluso servían a, una iglesia local pero que ya han dejado totalmente la vida dentro de la iglesia, no ha perdido la fe en Dios. Sino ha perdido la fe en la iglesia. Ellos “se han vuelto desilusionados con la iglesia y con otros institutos del cristianismo” y “han perdido la energía y el entusiasmo que antes tenían por los programas del desarrollo espiritual”. Por lo tanto, “ahora están buscando en otras partes para satisfacer sus necesidades espirituales” (Exit Interview, 11).
Estas personas se marchan principalmente porque están desilusionados con la iglesia. Afirman que la iglesia impide su desarrollo.
La iglesia tiene un modelo de la formación espiritual mal desarrollado que deja poco espacio para preguntas, dudas y redescubrimiento.
Las etapas 4-6 tienen un mapa menos claro dado que el viaje del individuo hará una mayor diferencia a su experiencia.
Las Primeras Tres Etapas: El Viaje Externo
El viaje crítico consta de seis etapas. Las primeras tres son externas principalmente; y las últimas tres son internas.
En las primeras tres etapas, nuestra fe, o sea nuestra espiritualidad, con lo más frecuencia se expresa de unas maneras que son prescritas por criterios externos, sean esos la iglesia, un líder espiritual específico, un libro o incluso un conjunto de principios… Las etapas 4-6 representan una transformación personal difícil que requiere, en un nivel distinto, un redescubrimiento de qué tratan la fe y la espiritualidad.
La etapa 1
“Es el descubrimiento y reconocimiento de Dios” (33). Aceptar la realidad de Dios puede empezar cuando uno sea joven, o puede suceder más tarde por una experiencia religiosa o una conversión. Esta conversión puede ser instantánea o durante un periodo largo.
La primera experiencia de Dios es maravillosa y refrescante por la novedad.
A pesar de la edad, sin embargo, parece verdad que la mayoría de nosotros empezamos el viaje de una manera infantil. Venimos con una inocencia, una frescura, que raramente se vuelve a ser tan viva o vital. Es comparable a como nos sentimos durante el principio de un romance o una nueva amistad. Nos dejamos arrastrar por la experiencia de la relación, sin mirar ninguno de los puntos negativos.
La etapa 2
Es un “momento de aprendizaje y pertenencia” calificado de “la vida de discipulado”. Principalmente implica aprender de líderes espirituales o escritura religiosa dentro de un contexto comunitario. Encontramos un conjunto de ideas, un sistema de confianza, o un grupo de gente que nos enseñe la luz, y responda a nuestras preguntas. Es un alivio tan grande y parece tan seguro – como un refugio en una tormenta. Y nos da lo que necesitamos.
La etapa 3
Es “la vida productiva” e implica servir a Dios conscientemente por los dones espirituales. Las verdades aprendidas en la etapa 2 encuentran una válvula de escape dentro de servicio en la etapa 3.
La mayoría de los modelos evangélicos del desarrollo cristiano para aquí. Esto significa que la cumbre de madurez cristiana es el servicio fiel y comprometido (casi siempre dentro del contexto de una iglesia, o de un contexto que beneficie una iglesia). Las personas más comprometidas sirven en la iglesia profesionalmente. No obstante, es obvio que una persona pueda llegar a esta etapa y seguir siendo egoísta, legalistic, inmadura y no curada interiormente. El servicio cristiano no es la mejor medida de determinar la madurez espiritual. Esto es el valor del modelo de Hagberg y Guelich. Según ellos, “la vida productiva” es importante, pero no es la meta. De veras, en el mapa del viaje cristiano, los que están en esta etapa solo están a mitad de camino!
La etapa 4: El Viaje interior
La etapa 4 es el viaje interior – “un viaje interior profundo y muy personal” que “casi siempre viene como una experiencia perturbador pero sin embargo da como resultado una curación para los que siguen através de la experiencia.” (93). En esta etapa, nuestras opiniones de Dios anteriores se cambian radicalmente. La alteración puede ser tan grande que sentimos como si perdiéramos nuestra fe o traicionáramos las lealtades.
Normalmente esta incertidumbre nueva (y a menudo sorprendente) es precipitada por una crisis, es decir que cualquier paso de la etapa 3 a la 4 muchas veces ocurre dentro del contexto de, o resultado de una crisis. Una crisis de la fe, una crisis donde muchas de las verdades y respuestas anteriores parecen ahora insuficientes o inadecuadas para la próxima etapa del viaje, o una crisis con las practicas corporativas de la iglesia o del grupo con quien estábamos relacionados, las cuales no tienen ahora tanto razón como antes.
La crisis “quebranta nuestras creencias firmes o suposiciones y nos sentimos a merced de las olas en un mar inquieto, valiéndose por sí mismo. La sensación de Dios que tenemos es debilitada y no encontramos ningún sentido nuevo, sino más preguntas.” (197).
La crisis conmueve nuestro sistema. Perdemos consuelo y cuestionamos nuestras convicciones, dado que los suportes de fe anteriores ya no son adecuados.
¿Por qué exige normalmente el avanzar a esta etapa una crisis? La razón es simple: Nadie elegiría esta clase de experiencia por su cuenta!
La mayoría de nosotros estamos tan cómodos y autosuficientes en la etapa anterior (llamado la vida productiva) que no tendemos la tendencia natural de movernos en absoluto. De hecho, ni parece que la etapa 4 forma parte del viaje a los que se sienten en casa en la etapa 3. No parece ser una extensión de nuestra fe y desarrollo. Por lo tanto, no vemos la atracción de ir en esa dirección.
La aversión que se siente por la etapa 4 va aumentando por los peligros verdaderos que acompañan esta etapa. “A veces la gente se cae del viaje completamente en este momento. Abrumados por el dolor o la crisis de la vida, nos aislamos enteramente de Dios” (107).
Hay una transición muy clara que hay que atravesar para moverse de la etapa 3 a la etapa 4. Hay una experiencia de ‘la pared’. Es imposible cruzar, dar la vuelta, o pasar por debajo de la pared. Solo se puede ir através de la pared. “La experiencia de la pared es el sitio…donde la psicología y la espiritualidad convergen. Hasta este momento, uno puede ser religioso, espiritual, o productivo, sin ser curado psicológicamente, o viceversa” (115).
En la pared somos forzados a “afrontar la realidad” para avanzar. “La pared nos invita a integrar nuestros seres espirituales con el resto de nosotros. Esto implica afrontar nuestros demonios, y los de otras personas. Tenemos que afrontar lo que más tememos, y por eso es una experiencia tan desagradable, y por lo que muchas personas solo entran bajo coacción” (233).
Se puede “atravesar” la pared a niveles más profundos de desarrollo espiritual solamente por tener aceptación de uno mismo y por rendirse a la voluntad de Dios. “El poder detrás de la transformación en la pared es el siguiente: aprender abrazar todo tu historia con una imparcialidad afectuosa y compasiva” (234). Tenemos que aceptar a nosotros mismos con todas nuestras heridas e imperfecciones. Tenemos que experimentar el amor de Dios y su aceptación de nosotros como somos con todas nuestras debilidades y humanidad. Y luego tenemos que rendirnos completamente a la voluntad de Dios, a pesar de que seguimos en la oscuridad.
Un ejemplo de la curación y transformación espirituales/psicológicas que ocurren es la comprensión de que arreglar a otros, ayudarles demasiado, o la dependencia del uno al otro no es un servicio desinteresado. Estas motivaciones tienen raíces insanas. Revelan un sentido de autoestima baja, un deseo a controlar (119).
A través de dudas y dificultades conocemos mejor a Dios y a nosotros mismos.
Estas primeras tres etapas mantienen la iglesia al comercio. Es lo que produce trabajadores, las personas que se sientan en los bancos y aprenden, que pagan el diezmo, y los voluntariados quienes consiguen hacer el ministerio.
En la pared, la transición a entrar en la etapa 4, hay un sitio que da miedo donde se siente como si todo este en juego. Todo lo que sabíamos antes, se ha ido por alguna razón o simplemente ya no da vida. No nos sentimos seguros ni satisfechos ni con energía para el sistema que solíamos dar todo el corazón, tiempo y dinero. La manera en que antes experimentábamos a Dios ya no funciona, o al menos no al nivel de antes. Hay muchas más preguntas que respuestas. Esta puede ser una etapa muy difícil a entender pero también una etapa magnífica porque es donde empezamos a dejar los consuelos que nos protegían tanto pero que también nos impedían que tuviéramos una experiencia más profunda y más rica con Dios.
Muchos curiosos (preocupados) nos observan, pensando que perdemos los papeles, que nos volvemos heréticos, que perdemos la fe, con la esperanza de que una vez terminada esta fase volveremos ‘a casa’ cuanto antes.
El reto enorme es que es posible bailar con la transformación, usar el lenguaje pero nunca atravesar la pared. Dar todas las señales apropiadas pero al final regresar a la etapa 3 por no poder avanzar.
El Viaje Fuera de Nuevo: La etapa 5 y la etapa 6
La etapa 5 es
“el viaje fuera” donde nuestro “enfoque es fuera, pero desde un punto central nuevo y firme de nosotros mismos” (133). En esta etapa “nos rendimos a la voluntad de Dios para dirigir completamente nuestras vidas, pero con los ojos bien abiertos, consciente de pero sin miedo de las consecuencias” (133). Ya estamos completamente seguros de que Dios nos ama plenamente, tal como somos. “Hay una tendencia humana de pensar que si Dios realmente nos conociera no nos amaría… En la etapa 5 empezamos a entender que Dios nos ama verdaderamente a pesar de que nunca somos completos. Dios nos ama en nuestra humanidad” (134).
Con los recursos adentro recién hallados, “nos aventuramos fuera del auto-interés hacia otros” (133). Somos débiles pero completos. Consciente de nuestros defectos, tenemos la confianza de que Dios trabajará a través de nosotros.
La totalidad parece mucho a debilidad en esta etapa. La totalidad no nos hace más fuerte, sino deja que Dios trabaje a través de nuestra debilidad. La totalidad significa ser consciente de nuestros defectos sin dejar que estos nos confundan… Dios más nos puede usar cuando estamos quebrantados, una verdad que fue muy difícil aceptar hasta la experiencia con la pared. (135).
A ellos que siguen en las etapas anteriores, les parecemos poco prácticos, ineficaces y fuera de contacto.
Con frecuencia, parecemos ser poco prácticos y fuera de contacto con la realidad. La manera en que funciona el mundo alrededor, la gente completa, desinteresada y llamada por Dios es contra-cultura. Cuando le amamos a la gente a pesar de su fracaso por alguna razón en la sociedad, nos llaman ingenuo; cuando nos quedamos con los que sufren, nos consideran cuidadores; cuando damos dinero libremente, nos consideran encargados malos; cuando nos rendimos, nos consideran poco competitivos; cuando cedemos, nos consideran débiles. No encajamos con las expectativas realísticos de un mundo que trata de ser productivo y de ganar. Incluso los cristianos productivos en las etapas anteriores del viaje creen que nosotros en la etapa 5 hemos perdido la ventaja.
En la etapa 5 no nos orientamos hacia la productividad con señas o productos externos. Por consiguiente parecemos menos productivos y un poco aislados. De hecho somos muy activos. Pero tenemos la tendencia de hacer las cosas entre bastidores o de una manera uno-uno. Nunca damos cuenta de que somos casi inadvertidos. Este estilo puede ser muy confuso y incluso frustrante para los que quieren que seamos líderes en la manera más tradicional (144-145).
La etapa 6 es
“la vida del amor”
donde el amor de Dios se demuestra através de nosotros “a otros en el mundo más claramente y con más regularidad que nunca hemos creído posible” (152). Por perdernos, nos encontramos a nuestros mismos. La presencia de Dios se experimenta en cada relación.
Los momentos a solos con Dios vienen en los momentos fuera tranquilos y también en las conversaciones incesantes y cotidianas. Tenemos poca ambición por ser conocidos, ricos, con éxito, notables, orientados hacia una meta o “espirituales”… Estamos llenos del Espíritu pero en una manera tranquila y modesta. (153)
Tomamos como modelo el amor de Dios para amar con gran compasión. Vivimos con menos y nos deleitamos en hacer las tareas ingratas.
En la etapa 6 podemos alcanzar mucho más allá de nuestra propia capacidad y amar a nuestros prójimos con una compasión profunda, porque sabemos que todos vienen de y son amados por Dios. Como Jesús fue compasivo incluso en Getseman, en su juicio, en la cruz, así también somos compasivos bajo sufrimientos excesivos.
En la etapa 6 llegamos a ser consciente de que cuanto más tenemos a Dios, lo menos necesitamos todo lo demás. No rechazamos propiedad material. Simplemente aprendemos a necesitarla menos; nos quedamos separados de las cosas y personas como aparatos de apoyo…
Estamos llenos de sorpresas porque somos tan libres, tan llenos de Dios, y tan completos. Podemos decir y hacer cosas absurdas porque no tememos la muerte. Podemos rendirnos materialmente, físicamente, mentalmente y emocionalmente a propósito por el servicio de otros, sin sentir miedo por la gran perdida. (154-155, 156)
Nuestra expresión de amor es desinteresada en lugar de necesitada. Amamos sin la necesidad de recibir amor en cambio. Amamos apasionadamente a otros en una manera desapasionada (desinteresada, imparcial). No somos egocéntricos (centrado en sí mismo), sino ‘theocentricos’ (centrado en Dios), ‘cristocentricos’ (centrado en Jesús Cristo), y excéntricos (centrados en otros). Amamos a otros, no por el bien de nosotros, sino por el bien de ellos; no pensando en nuestra bondad, sino en la suya.
Ya perdido el ser falso – un ser arraigado de propiedades, dotes y la aceptación humana – abrazamos nuestro ser verdadero, lo de ser eternamente y plenamente amado por Dios.





